Inestabilidad Crónica

El tobillo es la articulación que sufre más traumatismos por torsión. La causa más común de inestabilidad crónica de tobillo es un mal tratamiento en los esguinces

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¿Quién no ha sufrido un esguince de tobillo? La mayoría de nosotros lo hemos padecido alguna vez en nuestra vida, sobre todo si practicamos deporte con relativa asiduidad. Estas lesiones son las más frecuentes en todas las actividades deportivas, independientemente de la disciplina, o de si se realiza deporte de forma profesional o amateur.

Tal y como explica el Dr. Andrés Fernández Posada, miembro médico de la Real Federación Española de Karate, y ex médico de la Real Federación Española de Gimnasia, “el tobillo es la articulación que, asiduamente, sufre más traumatismos por torsión”.

El dilema se produce cuando estas lesiones provocan una serie de complicaciones, ya que estas afectan al normal funcionamiento del tobillo, “siendo la inestabilidad crónica uno de los problemas más importantes, especialmente en los deportistas de élite”, aclara Fernández Posada. Esto se debe, continúa el doctor, “por la afectación que puede llegar a provocar en el rendimiento del deportista profesional”.

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El Dr. Fernández Posada observa la cura de una inestabilidad de tobillo en una gimnasta

Para el Dr. Andrés Fernández, la inestabilidad crónica de tobillo se puede definir como “el cuadro clínico caracterizado por sensación subjetiva de inestabilidad y dolor persistente en un paciente con antecedentes de esguinces de repetición”. Por tanto, se podría decir que la causa más frecuente suele ser “el tratamiento inadecuado de un esguince de tobillo, que provoca una cicatrización incorrecta del ligamento”.

Los deportes en los que la inestabilidad es más frecuente son en aquellos que se realizan saltos y cambios de dirección, “como el baloncesto, el vóleibol o el fútbol”. Además, continúa el Dr. Fernández Posada, “hay otros como la gimnasia rítmica donde aparecen otros factores de riesgo, como la laxitud articular, los saltos y los giros con el pie el flexión plantar forzada, movimientos de alta exigencia y amplio rango de movilidad articular”.

El doctor nos aclara que “además de los ligamentos (peroneo astragalino anterior, posterior y peroneo calcáneo en la cara externa, y deltoideo en la cara interna o medial), en la estabilidad del tobillo intervienen estructuras óseas (posición del astrágalo, que no está encajado en flexión plantar o posición ‘en relevé’ de gimnastas y bailarinas), y tendinosas (peroneos, tibial posterior y flexores de los dedos del pie)”.

¿Cuál es el diagnóstico para esta lesión?

Nos lo explica el Dr. Fernández Posada:

La exploración física, para valorar los bostezos articulares, y la anamnesis, donde la historia de esguinces de repetición y sensación subjetiva de inestabilidad están siempre presentes, son las principales herramientas para establecer el diagnóstico. Como pruebas complementarias podemos utilizar las RX en estrés (varo forzado) y la RMN, que nos pondrá de manifiesto la existencia de lesiones asociadas (lesiones condrales, cuerpos libres articulares, grado de lesión ligamentosa, etc.)”.

¿Y el tratamiento?

En deportistas de élite o en pacientes cuya actividad lleva consigo una exigencia articular alta, el tratamiento suele ser quirúrgico”.

En ocasiones podemos diferirlo según el calendario de competición del deportista, utilizando hasta el momento de la cirugía pautas de tratamiento de fortalecimiento, potenciación y propiocepción, así como vendajes específicos (tape). Estas pautas son fundamentales en el tratamiento preventivo de esta lesión en deportistas “de riesgo”, como son las gimnastas.

La técnica quirúrgica más utilizada es la de Bröstrom, mediante la que se realiza la plicatura del ligamento elongado para retensarlo.

Se asocia una artroscopia para revisar la articulación y valorar posibles lesiones asociadas, en especial del cartílago articular, que pueden ensombrecer el pronóstico.

En ocasiones, si no se consigue el resultado deseado, puede ser necesario recurrir a reconstrucciones mediante plastias tendinosas. Tras la cirugía se mantiene una inmovilización durante 6 semanas, las 3 primeras en descarga y las 3 siguientes permitiendo el apoyo progresivo. Posteriormente se suele mantener el tratamiento rehabilitador otras seis semanas realizándose la incorporación al deporte de forma progresiva al 3º-4º mes de la cirugía”.

Por esta razón hay que tener especial cuidado con los esguinces, ya que un síntoma de este tipo mal curado, puede derivar en un problema mayor. La inestabilidad crónica de tobillo es uno de los problemas más importantes entre deportistas de élite, y, dada la frecuencia de lesión que sufren los tobillos, también puede ser un gran problema para todas las personas que practiquen deporte frecuentemente.