Ligamento Cruzado Anterior

El Equipo del Doctor Leyes está especializado en lesiones del ligamento cruzado anterior y en la operación de ligamento cruzado anterior

El ligamento cruzado anterior (LCA) une el fémur con la tibia y tiene un papel fundamental en la estabilidad anteroposterior y rotacional de la rodilla.

El LCA es el ligamento que se lesiona con mayor frecuencia en el cuerpo. En el año 2000 se estima que se realizaron unas 175.000 reconstrucciones del LCA en Estados Unidos.

En la Clínica CEMTRO cada año se realizan más de 1.000 reconstrucciones del ligamento cruzado anterior. En España los deportes que más lesiones del LCA causan son el fútbol, el esquí, el baloncesto y el balonmano.

La incidencia de rotura de LCA es de dos a seis veces mayor en mujeres dependiendo del deporte. Este mayor riesgo en mujeres se atribuye a varios factores, incluyendo el eje mecánico de la pierna, la anchura de la escotadura en la rodilla, factores hormonales y control neuromuscular.

La mayor parte de las roturas de LCA (67% en hombres y 90% en mujeres) ocurren por un mecanismo sin contacto con otros deportistas.

La rotura de LCA aumenta de forma significativa el riesgo de desarrollar artrosis prematura. Se estima que un 50% de los pacientes que se rompen el LCA desarrollan artrosis entre los diez y veinte años desde la lesión.

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El Dr. Leyes en su consulta de la Clínica Cemtro

Diagnóstico


Una anamnesis y exploración física cuidadosa llevan habitualmente al diagnóstico de una lesión del LCA sin necesidad de realizar ninguna otra prueba. La lesión aislada del LCA ocurre sólo en el 10% de los casos y las pruebas diagnósticas son útiles para estudiar las lesiones asociadas. La prevalencia de lesiones meniscales asociadas es del 60 al 75%, lesiones del cartílago del 46%, contusiones óseas del 80% y lesiones completas de los colaterales del 5 al 24%.

Los pacientes generalmente describen un mecanismo de lesión sin contacto por torsión de la rodilla con el pie fijo en el suelo, notan un chasquido en la rodilla, la rodilla se hincha rápidamente como consecuencia del sangrado por rotura de los vasos sanguíneos del LCA y son incapaces de continuar con su actividad deportiva.

En la exploración física hay dos maniobras que ponen de manifiesto la rotura del LCA: el test de Lachman y el ‘pívot shift’.

La Resonancia Magnética (RNM) se utiliza para confirmar el diagnóstico e identificar las lesiones asociadas. No es necesario que transcurra un tiempo entre la lesión y la realización de la RNM.

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Tratamiento


La mayor parte de los pacientes con un LCA roto pueden caminar normalmente y realizar actividades lineales como correr y andar en bicicleta.

La cirugía está indicada si el paciente nota inestabilidad en las actividades del día a día o quiere retomar actividades que impliquen cambios de dirección saltos y giros como el fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, pádel, esquí, etc.

La cirugía no es urgente siempre que el paciente recupere la movilidad de la rodilla, no tenga fallos y evite las actividades de riesgo. Los fallos repetidos aumentan el riesgo de lesiones asociadas y ensombrecen el pronóstico de la rodilla lesionada. En pacientes muy jóvenes en los que es difícil controlar su actividad, el retraso de la cirugía habitualmente conduce a múltiples lesiones asociadas y a un peor pronóstico.

Se opere o no, el manejo inicial de una lesión del LCA debe estar enfocado a reducir la hinchazón (con reposo, frío, compresión, elevación de la extremidad y antiinflamatorios no esteroideos) recuperar la movilidad de la rodilla, reiniciar el control del cuádriceps y restaurar un patrón de marcha normal. Normalmente estos objetivos se consiguen a las dos o cuatro semanas de la lesión.

Si optamos por un tratamiento conservador hay que hacer hincapié en el fortalecimiento de los isquiotibiales y del cuádriceps, y en evitar las actividades de riesgo. La utilización de rodilleras no suple a la ausencia del LCA y no proporciona una estabilidad rotacional de la rodilla.

El tratamiento quirúrgico consiste en reconstruir el LCA utilizando un injerto (un tendón) que se introduce a través de túneles, realizados en el fémur y en la tibia, en las zonas de inserción del LCA, con el objetivo de eliminar la inestabilidad.

Los dos injertos más utilizados son los isquiotibiales (Semitendinoso y Recto interno, también llamado pata de ganso) y el tercio central del tendón rotuliano. Los resultados son similares en ambos, y la selección del injerto la realizamos dependiendo de factores del paciente como el peso, el eje de la extremidad y la actividad deportiva que se realice.

Otra posibilidad es utilizar aloinjertos (injertos de cadáver) que consiguen los mismos resultados funcionales pero con una mayor incidencia de reroturas. Generalmente los reservamos para lesiones multiligamentarias, para pacientes con menor demanda deportiva y para revisiones de plastias previas.

El sistema de fijación de los injertos al hueso no afecta al resultado de la intervención.

La rotura de la plastia de LCA ocurre en un 3.6% de los casos, que es un riesgo muy parecido al riesgo de romperse el LCA de la otra rodilla (3%).

El riesgo de desarrollar artrosis es mayor cuando hay lesiones asociadas meniscales o del cartílago. En pacientes jóvenes suturamos los meniscos rotos siempre que sea posible. Las roturas longitudinales del menisco en la zona vascular tienen un porcentaje de éxito del 87%.

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Postoperatorio y Rehabilitación


La cirugía se realiza con anestesia epidural y se deja un drenaje en la rodilla que se retira al día siguiente antes de darle el alta. El paciente se va a casa con la pierna vendada y le recomendamos que la primera semana se lave por partes y no moje el vendaje. Debe ponerse heparina subcutánea para evitar los trombos una vez al día y alternar analgésicos y antiinflamatorios para controlar el dolor. El paciente puede presentar febrícula < 38ºC por la reabsorción de hematomas. Durante la primera semana realiza ejercicios en casa para recuperar la extensión completa de la rodilla, iniciar la flexión e isométricos de cuádriceps.

En la primera visita, a la semana de la intervención, se retira el vendaje, se colocan apósitos y se dan los volantes para iniciar la rehabilitación. A las dos semanas se retiran los puntos, al mes se quitan las muletas, a los dos meses se inician ejercicios en bicicleta, carrera a los tres meses y deportes de pivote a los cinco o seis meses.

El apoyo inmediato tras la intervención no afecta negativamente a la función de la rodilla pero causa dolor y puede aumentar el derrame y lo desaconsejamos durante la primera semana. La utilización de una férula de inmovilización postoperatoria o de una máquina de movilización pasiva (artromotor) no mejora los resultados. Los ejercicios de cadena cinética cerrados (ejercicios con el pie plantado en el suelo) son mejores que los de cadena cinética abierta. Un programa de rehabilitación acelerada con retorno al deporte a los 6 meses no aumenta la laxitud de la rodilla comparándolo con un programa más lento.

La decisión de permitirle volver al deporte de competición se basa en criterios de tiempo transcurrido desde la cirugía, estabilidad y fuerza.

Prevención


Las estrategias primarias de prevención se centran en un programa exhaustivo de entrenamiento neuromuscular que incluye pliometría (uso de estiramiento muscular justo antes de la contracción rápida), equilibrio y ejercicios de potenciación. Este programa ha demostrado ser eficaz en disminuir las roturas del LCA.